Calles de tierra. Casas de material, chapa o las
conocidas casillas de Un Techo. Gallinas, perros, niños que no llegan al metro
de altura y andan deambulando solos entre las motos, las juntas de adolescentes
que escuchan cumbia. La descripción de Tres Ombúes puede asimilarse a la de
cualquier otro barrio “marginal”
--Disculpame, ¿Botijas?
--Sí, sí, acá a la vuelta
No estaba en busca de niños. La palabra Botijas tiene
un significado mayor que trasciende los alrededores. Se trata del nombre de un Club de niños que
en este 2012 está cumpliendo 15 años de trabajo ininterrumpido
Padres esperando a sus hijos, una mujer barriendo. La
casa de familia, que fue acondicionada para que oficie como sede, no se aleja demasiado
del ambiente que se vive allí. Julio González, asistente social, fue quien comenzó
junto a otras cuatro personas esta iniciativa. Se vino de Durazno a Montevideo
y con la ayuda de una vecina del lugar,
que les donó el local donde funcionaba la Comisión del barrio y actualmente hay
una policlínica, empezaron a dar los primeros pasos.
Durante un año y medio trabajaron con escasos recursos, haciendo recorridas, invitando a la gente a que se acerque y conozca el proyecto. Pero cuando la situación económica pudo más que la generosidad comenzaron a gestionar el convenio con el INAU y así pudieron mudarse a la casa actual, contratar personal y extender el horario y las actividades
Botijas funciona de lunes a sábado de ocho a 20 horas en doble turno. Está pensado así para que los niños de 6 a 14 años concurran a contra turno de la escuela. No es una opción, es un requisito para el ingreso así como el hecho de que los padres estén presentes, los lleven y traigan, asistan a las reuniones y respondan cuando la psicóloga o asistente social los cita
No es cierto que los adultos no estén, que no se
preocupen. “La familia en el centro juega un rol muy importante, tiene un alto
nivel de participación. En general la respuesta es excelente. Acá nosotros
vemos que los padres van con los gurises a la escuela y vuelven con ellos y eso
es importante. Lo afectivo es lo
primordial. Se piensa de estos chiquilines que tienen tantas carencias pero qué
pasa con los que desde chicos están nueve horas en el colegio”, afirmó
González.
El objetivo principal del club es fortalecer y
complementar pero no sustituir la tarea escolar. “Es importante porque la
escuela tiene un ritmo determinado que no todos pueden seguir y acá se pueden hacer otros aportes”, agregó.
Los 114 botijas llegaron porque los propios padres lo
solicitan, porque los derivan desde la escuela o por una demanda del INAU. Se presentan
muchos casos de madres solteras y familias que sufren violencia doméstica.
María, una de las madres que trae a sus dos hijos, explicó
que ambos asistieron a
centros Caif desde los dos años y cuando se mudaron al barrio los trajeron a Botijas. “A la
nena le sirvió mucho para aprender a desenvolverse, repitió el año en la escuela
porque no participaba, casi no hablaba”. Además, agregó que a diferencia de otras organizaciones acá les ofrecen
propuestas para los fines de semana e incluso para los padres. “Yo venía a
clases de coro”.
Según la asistente social Valeria Gulart, Botijas se
ha convertido en un referente que va más allá del trabajo con los niños entonces
vienen muchas personas del barrio y cercanías a hacer consultas, pedir ayuda,
información. “Se le da mucho espacio a escuchar a la familia, a los vecinos,
hay un ida y vuelta muy grande que no se da en otros lugares”, explicó.
Pero uno de los puntos más interesantes radica en actividades
como la participación en un programa de radio comunitaria y los convenios que Botijas tiene por ejemplo con el Club Defensor Sporting que les da 50 becas por
año para que vayan a hacer piscina, con el Foto Club y principalmente con el
Centro Nacional y Fomento de Rehabilitación Ecuestre (Cenafre) que funciona en
la Escuela de Equitación del Ejército, pasando el kilómetro 14 de Camino
Maldonado.
Allí van siete botijas, los de edades más avanzadas, un viernes por
la mañana y otro en la tarde. En el horario matutino se encargan del aseo y la
alimentación del caballo, estudian la morfología, realizan equitación y volteo,
es decir, gimnasia arriba del equino. En el otro turno ofician como guías de un
caballo con el que un niño o adolescente con alguna discapacidad motriz o
intelectual realiza equinoterapia. “Si uno va a sus ambientes ve que son precarios, pobres
y sin embargo están contribuyendo terapéuticamente a la recuperación de otros chicos,
para mí tiene un valor impresionante que ellos mismos y la familia lo vivencia
Tenemos cosas que ofrecer, queremos que hagan un aporte para otros, que haya
una dignificación de la persona y que no estén en la actitud de esperar solo
recibir”, acotó Julio González quien los acompaña al Cenafre desde el inicio hace cuatro años.
La idea es que terminen con un título de auxiliares de caballerizos y así el día de mañana tengan una posibilidad laboral en el Hipódromo o en algún cuartel. “Les mostré
cómo podemos sustituir herramientas para poder limpiar a los animales. Una vez me aparecí con un
shampoo y una crema de enguaje y al otro día estaban en las casas bañando a los
caballos, quiere decir que les gustó la idea”, dijo María Noel Cola Ferrés, instructora
encargada del trabajo con los chicos.
“Aprendí a sacarme el miedo a los caballos” “Yo a
hacer volteo” “Me gusta ayudar a los niños, vemos cómo mejoran”. Estas son
algunas de las cosas que los propios protagonistas rescatan de su experiencia.
El vínculo entre los niños y el caballo es notorio.
Los cepillan, los acarician, les hablan. Ese vinculo se afianza en el caso
de quienes realizan equinoterpia. “A
veces el lazo entre el caballo y el niño es el único que tienen en su vida, hay
como un diálogo interno impresionante. No solo en discapacidad física sino
también intelectual, personas que tienen problemas de estrés, de comportamiento”, comentó la instructora
Botijas es el único club de niños de Tres Ombúes. González
subrayó que actualmente están abocados a la compra de un terreno para construir
un Centro Juvenil al que puedan asistir jóvenes de entre 14 y 17 años. “Es
necesario porque es un barrio chico pero
hay mucha población joven y los que egresan del club cortan este proceso y cuando
ingresan a Secundaria no pueden sostenerse en el sistema educativo”.
- El INAU tiene convenio con 133 clubes de niños. En todo el país funcionan 1433 proyectos sociales, 450 solo en Montevideo. El INAU se encarga del pago de los salarios y los gastos fijos de Botijas y el Instituto Nacional de Alimentación (INDA) de la IMM de la comida. En total trabajan 22 personas: siete maestros, talleristas de huerta, plástica, informática, inglés, una psicóloga, una asistente social, una profesora de coro, una responsable del área de comunicación, un cocinero, personal de limpieza y administrativo contable, entre otros. La psicóloga del INAU, Fanny González, responsable de la parte de Convenios aseguró que Botijas es un proyecto muy bueno que ha desarrollado, a lo largo de estos 15 años, diversas actividades con mucha creatividad y empeño.
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